martes, agosto 23, 2005

Bayahibe

Aurora Arias pudo haber nacido en Chipre, San Martín o cualquier otra isla dividida de este jodido mundo, pero La Providencia quiso que naciera en República Dominicana, que pariera joven y, como dice mi adorada Reina María, que tuviera amigos en cuatro categorías: regulares, buenos, muy malos y tristes. Escritora se hizo a fuerza de terquedad. Aurora escribe para no dejar que el tiempo le diga que ya pasó, para sorprenderlo con nuevas tretas y embadurnarle con desparpajo la cara cada vez que le sopla que por ahí viene. También escribe para digerir lo cotidiano a retazos y por etapas, como los rumiantes. Eso lo sé porque lo escuché “de su boca de ella” (gracias yucatecos por frase tan melosa) en Papa Jack’s con dos traguitos de Brugal arriba cada uno. – “El que bebe Brugal o rapa o pelea”, gritó Montecarlo, un amigo de Aurora que estudia en Chavón, y el tiempo se congeló por dos segundos. Roberto intentaba en vano asimilar la bachata (¿cuándo se ha visto a un chileno en ésas?). Emily no paraba de hablar de Boise, Idaho, y se esforzaba por mantener la compostura después de dos shots de Etiqueta Negra. Mientras que Enrique, peninsular al fin, entablaba un profundo conversao con la bartender en torno al frío de Alberta. El detonante de la confesión de Aurora sobre sus mañas a la hora de escribir se lo debíamos a los dos guachimanes (¡ejem, ejem! “Seguridad”, amigo, vamo a repetano…) que horas antes se habían parapetado a dos metros de nosotros en aquel pedacito de mar antediluviano llamado Bayahibe, “lugar de agua” en lengua taína. A nuestro alrededor, un centenar de cuerpos europeos se regocijaban con el tenue sol vespertino, vagaban topless por la orilla, estiraban las piernas en los pulidos chailones (chaisse longues en lengua de cristianos), pedían martinis a Viernes y trencitas a las amables nativas. Entre ellos nuestros continentes cobrizos resaltaban como dos gallardetes enemigos en medio de la batalla. La tragicómica escena duró lo que estuvimos allí (¿diez minutos?), pero su lastre nos persiguió hasta bien entrada la madrugada, ya muy lejos del all-inclusive del congreso y sus pulseritas rutilantes, aquí en el mismísimo Papa Jack’s de Altos de Chavón, en mi “pueblo”: Romana. En un aparte de mi conversación con Aurora, abandoné el grupo y fui a pedir otro round. Yudelka, la bartender, me saludó con este pastelazo: – “¿Uté é el guía d'ello, no verdá?”.

NR

foto: R. Sarabia

1 comentario:

  1. Bueno que te pase por ta privando en turita, como diría mi hermano Andrés: el negro no e turita, es guía o sanki, jajajaaja. Que bueno lo del chileno....

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