martes, enero 17, 2006



gracias y decires de
Marcos Pérez Ramírez



Marcos Pérez Ramírez (aka El moreno) nació en Cuba, pero es más puertorriqueño que los tostones de pana. Periodista de profesión, tuvo a su cargo la redacción del guión de Vieques en el espejo de Panamá, documental que se alzó con un Emmy Suncoast Award en el 2003. En sus años mozos dirigió junto a Pedro Cabuya el mítico suplemento Aire del semanario Claridad (PR). Como poeta ha publicado en revistas de San Juan y en la Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI: el turno y la transición (México, 1997). Terranova tiene en prensa Alejandría, uno de sus varios poemarios inéditos. Con la poesía de Marcos, Puerto Rico descubre, por fin, un surrealismo de a pie, un surrealismo de puertas abiertas, como lo imaginaran Matos Paoli, Lima y Dávila. A Marcos hay que agradecerle sobre todo el recordarnos que la poesía se sospecha, como él mismo dice, “desde un desarraigo crónico”, y que eso que designan como el “oficio de poeta” puede que no sea más que el cotidiano desasirse de viejas perplejidades y hábitos. Poco importa el alcance de la mirada si lo que se recoge del afuera supone el curso de una transformación, “lo único que somos en este evangelio de ausencias” que llamamos la vida. NR


LOS TRENES INFINITOS

Antes los observarás.
Desprecia la forma circular donde sus vagones son la gota de lluvia del hierro.
Desprecia las ruedas afilando tu gesta en el umbral del día,
desprecia su sombra dentro de tus ojos.

Miras las vías y hablas sobre el océano
que destruyendo tu recinto ha señalado la distancia.
Sólo para mostrarte que los has visto,
que tiemblan ante la humedad negra de Nueva Inglaterra,
que no hay nadie,
y que aquella isla maneja su incertidumbre,
reafirmada en otro sol,
en otro libro.

Aquí están, son los trenes infinitos
imaginando la aparición del trueno en los grises pájaros del sur,
abrazando tu barca encallada en la costa
donde los árboles derraman sangre,
donde la cabeza de un hombre fue tintero de la libertad.


Pero no intentes atraparlos
porque no son los caballos perdidos de algún emperador
ni trapo del tiempo fundacional.
Ya están escritos,
estaban señalados por una línea.

Todo es negro,
abundante humo.
Perfilas su carga de carbón en lontananza,
los trenes infinitos:
tu imagen de la noche en las entrañas de la tierra.

A Silvina Ocampo


foto: Tito

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