miércoles, febrero 15, 2006


Casa sin terminar

Tengo en mis manos
un diminuto volumen
titulado Casa sin terminar.
Me lo obsequió Ángela San Francisco,
madre del poeta salmantino
Aníbal Núñez,
hace exactamente un lustro.
He reconstruido los pormenores
de aquella visita al refugio
del poeta y los signos
que se fueron alineando
para que su vigilia saturnal
diera conmigo.
Poco tuvo que ver Francisco
y su torrencial diligencia
por mostrarme
los bardos de la ciudad.
Mucho menos Fernando,
quien apalabró la cita
en el viejo apartamento
del Paseo de las Carmelitas.
El encuentro –entiendo ahora–
se venía fraguando con sigilo
desde tiempo antes,
como el licor de la uva
o el liquen en la piedra de Villamayor.
Aquello era una broma del poeta
desde su infierno acuoso,
un ajado estandarte
señalando la pírrica victoria sobre el extravío.

NR

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