domingo, febrero 05, 2006

Letras de La Rits
Rita Indiana Hernández (1977). Poeta, dramaturga, narradora y performance artist nacida en Santo Domingo, República Dominicana. Es autora de Ciencia succión, Papi y La estrategia de Chochueca (2000), novelita que se lee desde Los Alcarrizos hasta Amberes, pasando por Toronto, Atlanta y Birmingham. Mide 6 pies con 3 pulgadas y le gusta la música de Portishead.

Bella Vista

El que no tenga unos tennis Paredes con doble cierre de velcro que se dé por muerto. Cuando cae el sol cruzamos la avenida, cuando perdemos la pelota debajo de un Subaru corremos a Helados Bon con una oferta recortada del Caribe, cuando se va la luz no vuelve nunca. 200 edificios de tres plantas y el mismo pastelito azul, rosado, blanco. 200 azoteas llenas de gente mirando el gran parqueo en el que explotan los bolsillos buscapiés del Mirador. Si mi papá llega en un carro que habla, que te pone el cinturón de seguridad con una mano y en la parte de atrás hay una BMX azul niquelada con protectores en todas las barras, soy la niña más feliz de Bella Vista.

"esto no es un relato de terror"
 
Me dan miedo las cosas que se ven con la luz apagada. Cuando llega la hora me meto bajo las sábanas y entierro los bordes de tela debajo de mí. En unos minutos soy una momia. Cierro los ojos y me adhiero con todas mis vendas a la esquina del cuarto adonde desde hace meses he encajado mi cama, le he dicho a la muchacha del servicio: "quiero dormir en la esquina" y ella ha empujado la cama con una sola mano. Así tengo dos lados de la cama controlados por la pared, regulando el flujo de celebridades del underground, monstruos con peluca y la cara verde que hacen más muecas de la cuenta. Si saco un ojo por un pliegue veo cómo la ventana se ha convertido en una vil pantalla en blanco y negro donde se proyecta un famélico cuerpo de araña con la cabeza Darth Vaderiana que, como todos mis monstruos antediluvianos, en cada dedo tiene un sacacorchos. Simultáneamente pasa un motor con el mufler pinchado por la calle de atrás y me zambullo; la confabulación universal es muy generosa. Cuando ya no aguanto el fuego, saco la cabeza para poder respirar, los ojos pegados con crazy glue y recorro mentalmente el pasillo para avisarle a mami que sigo teniendo miedo, que los monstricos hacen fiesta con los muebles de mi pieza, pero cuando llego a su habitación mi mamá respira con un silbido de boa y me devuelvo sin muchas ganas de entrar a mi cuarto, adonde permanece mi cuerpo, un elefante en el estómago de una boa, un sombrero que los que me visitan de noche recogen del piso para cuchichearse: "esto no es un sombrero". Los oídos son un problema. A veces logro dormirme explicándome la trayectoria de una gota a través del grifo dañado para justificar las subsiguientes reverberaciones de xilófono en basílica. Mami tiene miedo de que un día camino al baño encienda mi luz y me halle tiesa, asfixiada por mi sabanita de los Pitufos, pero a pesar de esto se empeña en hacerme apagar el bombillo, "hay que ahorrar energía", dice, y cierra la puerta.

Mrs. Music

Cuando dobles, después de la casa que tiene muro de manicomio, frente al Super, entre el manicomio con piscina y Mr. Movies. Al lado de Mr. Movies. Antes de donde está ahora Mr. Movies había otra cosa. Una casa de una planta con un patio, una pileta, una palmera que desde la ventana de Gina parece una playa. En la pileta hay cuatro tilapias y afuera tres perros viralatas que se llaman Pepo. Adentro hay: un sordo de 70 años que se la pasa preguntando si arreglaron el calentador, su esposa y un piano que toca cuando no hay luz. Mi mamá escucha a la señora con los ojos cerrados y me dice: Agustín Lara, Bach, etc. El otro día vino un amigo de mami que hace ejercicios para levitar, hablábamos de Buda y se quedó mirando a Mr. Movies como si tuviera rayos equis, yo le dije: sí, había hasta un piano, vinieron 20 haitianos y construyeron la caja en menos de dos semanas, el boliviano de la primera, a la tercera madrugada sin sueño gritó: le están lavando dólares al Vaticano! Y ya nadie durmió. Al otro día mi mamá le atinó con un potecito de compota en la cabeza al maestro constructor y luego al arquitecto. Muy mal. Una semana más tarde ya estábamos todos inscritos gratis y con tres DVD’s abajo del brazo. Mami y yo vimos The Sound Of Music. Qué banquete!

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