jueves, febrero 16, 2006

Prozac Blues

Elidio La Torre Lagares (San Juan, Puerto Rico, 1965). Narrador y poeta. Ha publicado el libro de relatos Septiembre (Premio del Pen Club de Puerto Rico, 2000), las novelas Historia de un dios pequeño (Plaza Mayor: 2001) y Gracia (Oveja Negra: 2004), y los poemarios Embudo: poemas de fin de siglo (1994), Cuerpos sin sombras (1998) y [cáliz] (2004). Dirige desde Carolina, Puerto Rico, Terranova Editores. No fuma, no bebe y su resolución de Año Nuevo fue que Néstor Rodríguez lo dejara tranquilo; cosa difícil cuando se es, como yo, bipolar, workoholic y divorciado. NR

Prozac Blues

El silencio se derrite
en los infernales adoquines:
San Juan hierve a 90 grados Farenheit,
a 90 grados prueba.
Sali a buscar no-sé-qué
como un cuerpo a su sombra.
Me detuve a hablarle
a las mudas murallas
sumisas hace 300 años.
Hoy desangran de tristeza.
En un instante, deseé detener las olas
y su infinito pendular
cual somnífera nana:
yo cuelgo de sus pestañas.

El sol en mi cénit y llegó Malena,
melena suelta al viento
y sobriedad en su cintura.
Desfilamos por la navaja
de fuego sin hablar, secos.
En el camino encontramos unos amigos;
fingir es un arte dorado.
Sonreímos. Todo anda bien.
¿Acaso no lo leíste en El Nuevo Día?
¿O me perdí que lees el Star?
Nos despedimos.
Continuamos la marcha
hasta la cápsula japonesa
y una vez adentro,
nos aislamos en la artificial atmósfera.


Recorrimos la avenida
hasta Ilegar a Hato Rey,
moderno.
Entre la oleada encorbatada,
vi tantas sonrisas torcidas,
vi tanto símbolo de grandeza material:
vi el Alpha de nuestra generación.
Conté los semáforos
como cuentas en un rosario,
como paradas en via-crucis
hasta que en el horizonte
como la promesa de un amanecer
se levanta Plaza Las Américas.
Y me pregunté
si había vida más allá de esto
Malena adora el dinero plástico
que la hace des-comunal,
sobre-humana,
y le llena sus vacíos.
Ella no me lo ha dicho.
Pero me lo ha comunicado con sus ojos.
Ella vive atormentada,
pues no puede detener las olas.
Su cara se va ajando.
Cubre los surcos del tiempo, pomadas y polvos
que la convierten en artificio de la vanidad
Yo sólo soy su compañía
Sin perturbar su soledad
Debe ser que somos
dos soledades distintas.
La mía vive en un album de fotos
las cuales miro, observo, y toco
como si sostuviera el pasado en mis manos.
Allí, Gustavo, Juan y Carlos
aún batallan en una selva en Vietnam.
De los que sobre-vivimos
muchos no hemos regresado.
Pero no importa..
Mi nepente llega por correo
cual aguas del Leteo-
mi bálsamo en Gilead.
Y no me siento culpable.
San Juan consume píldoras como si fuesen M & M's.
Mientras surco la nave
de esta gran estructura consumista,
entre tantas caras distintas,
pero iguales
desconocidas,
y tan familiares,
me queda una sensación insípida,
pero conocida
de una indómita aridez
que tiene cualidades de infierno
que conflagra en mi cabeza
incinerando mi mente
donde bailan mil demonios
por todo mi cuerpo
y por toda mi existencia.

Malena aprovecha y me recuerda
que es hora de mi Prozac.


3 comentarios:

  1. Anónimo12:06 a. m.

    A veces es
    extraña la ruta
    que cursa una
    pieza poética,
    y Prozac Blues
    es una poesía
    que ha servido de
    barómetro para
    nombrar una generación
    en Puerto Rico.
    Quizás es una de
    las poesías que
    goza de una permanencia
    en la memoria,
    pues no pocas
    veces se hace referencia
    a ella. Un logro
    para un escritor
    que emerge en el
    panorama literaria
    durante
    los 90's.

    Lástima que su libro
    Caliz no ha tenido
    la atención que merece.
    Para mí es un clásico.

    Sé que el tiempo
    colocará las cosas
    en su lugar.

    Mis respetos a Elidio
    La Torre Lagares.

    Gracias, de nuevo,
    Nestor.

    Carlos E. Cana

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  2. Lo de que no bebe ni fuma no se lo cree ni él mismo, porque anoche nos bajamos una botella de mezcal y el tipo estaba como cuerpo sin sombras, bebiendo por un embudo desde el cáliz que compró en E-bay y que pertenecía a Jim Morrison.

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  3. Anónimo6:59 p. m.

    ni tanto ni tan poquito, que si llueve un poco se ahoga, un poeta, un editor, tal vez hasta morrison, el vino, el humo del cigarrillo, mientras Malena sufre una muerte lenta en el abandono escuchando nanas somníferas a la orilla de un mar cualquiera y temiendo que la noche termine.
    loas a los tres escritores y éxito...
    yo

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