viernes, marzo 03, 2006


Cómo se come una ostra

La escena que te atraviesa,
esa mandorla que recorre
lujuriosa tu carne
ligeramente azulada
por las luces de artificio,
dimensiona el asomo
de una cercanía,
el contorno que va
del acaso a lo posible
y de lo posible a las vetas
de una continuidad.
Lo que se escapa de ti,
lo que se desborda
en tenue cauce
por el ocre verdoso
de tu curiosidad,
no calla ni vaticina,
es sólo un estar ahí,
suspendido e ignoto,
asordinando el fragor
de remotas mareas.

NR

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