martes, marzo 07, 2006


Morán à rebours
Francisco Morán (La Habana, 1952) labora en la Southern Methodist University de Texas. Poeta y ensayista de primer orden, Morán tiene a cuestas Casal à rebours (1996) Habanero tú (Premio de Poesia Ciudad de Cieza, 1997), El cuerpo del delito (Premio Luis Cernuda, 1999) y la antología La isla en su tinta (2000), que congrega más de 300 años de poesía cubana. Edita una soberbia revista literaria electrónica  La Habana Elegante, cuna y antesala de lo mejor de la literatura de la Cuba actual. Los pocos mortales que han visitado su casa en Dallas aseguran haber visto en el living un altar con la efigie de Julián del Casal.

En medio del camino de la vida

Un poco más a la derecha . . . no, a la izquierda . . . allí . . . debajo de aquellos anaqueles. En esa bolsa gris, ligeramente pesada, están las cenizas de Dante. Ellas y nosotros en el destierro que siempre suponen las bibliotecas. Como en nichos, los libros más célebres descansan muy cerca del murmullo de los periódicos, y se mezclan con los estertores de las crónicas sensacionalistas, con el sopor de la guillotina y con la siniestra igualdad de las revoluciones. Algún curioso se acercará a interrogarlos, y los dejará luego sobre la mesa hasta que el empleado de turno los devuelva a su lugar. Hallar, pues, cenizas entre los libros, es, cuando menos, una tautología. Las de Dante, recién descubiertas en la Biblioteca Central de Florencia, ¿a qué parte de la anatomía del poeta corresponden? ¿Son acaso las de la mirada, intentando coser los descosidos de la geografía para que los vinos de Rávena tuvieran el sabor de las aguas del Arno? ¿Son las de la voz, defenestrada una y otra vez por la pugna de güelfos y gibelinos? ¿Serán quizá las de los genitales impolutos que nunca rozaron el texto de Beatriz, ni mancharon con una gota de tinta su vestido? ¿O serán las de la eternidad - encontradas, en un precioso simbolismo aleccionador, por unos empleados sin voz - , o las del destierro? Esas son las cenizas del Paraíso. Y contemplo con envidia - y con cierta nostalgia - el limbo de los libros en que hallaron sosiego por tanto tiempo. Sobre todo ahora, cuando un bando acaba de ordenarme que abandone Florencia, y me hallo a mí mismo, perdido en selva oscura.

foto: Michael

3 comentarios:

  1. Este pájaro generoso y talentoso gusta de merodear mi manglar. En las cuevas proyecta una carcajada ineludible. Yo asisto sumergido a su elegancia habanera. Hemos compartido banquetes que parecían nunca acabar. Saluda el saber de las cenizas, creatura sucia que azota el cuerpo y no olvida el trazo de lo mortuorio. Poeta jodón i medio. Julián del Casal lo protege y así que cuidao...

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  2. Anónimo7:30 p. m.

    que mucho tigre bello en este blog!

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  3. Anónimo11:29 p. m.

    Es un pimpollo
    Me lo llevo pa casa.

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