martes, junio 13, 2006

Etiopía

Creo que Justin es el único gringo que habla euskera como si hubiera nacido en un caserón de Gipuskoa. Yo no hablo vasco, pero por la manera en que mi amigo se defiende pidiendo tragos en esta vieja barra de pescadores en Pasaia San Pedro puedo asegurar que el hombre se mueve en esa lengua inaudita como pez en el agua. Le he echado al cuerpo dos copas de un tinto que hacen en la frontera con La Rioja. Alucino no tanto con el porciento de alcohol que me he apurado en cada sorbo, sino con el nombre y la sentencia que acompaña el anuncio de este portento de vino que todos aquí idolatran: “El hombre del saco, probablemente el mejor vino del mundo”.

Con la mirada turbia a las 11 de la mañana arranco calle arriba al palomar que Justin comparte con Miguel Mari. Han preparado una sopa espesa, con atún y papas, una cosa rarísima que aquí llaman marmitako. “Comida de pescadores”, me dice Mikel con la autoridad de un nativo. Comemos en el jardín, una especie de atalaya en la que se divisa en toda su extensión la bahía de Pasaia. Este inmenso cementerio industrial tuvo alguna vez su tiempo de esplendor. Ahora no es más que un apagado puerto local salpicado de barcos atuneros. Al otro lado de la ría se ve San Juan, una comarca pintoresca que restriega su nombradía ante la gemela pobre de enfrente.
El marmitako está al punto. Más alcohol al cuerpo y enseguida estamos en la calle rumbo a Donosti. Más cervezas y tapas, que es como le dicen por estos lugares a la picadera. Medio borracho entro a una tienda de discos a buscar un CD de Ruper Ordorika cantando los versos de juventud de Bernardo Atxaga. Ruper es un Silvio Rodríguez-Bob Dylan vasco, toda una institución. Encuentro lo que busco: una recopilación llamada “Bilduma Bat” que es una maravilla. Pido al empleado de la tienda que me deje escuchar una canción. Elijo al azar una titulada “Sagarrondo bati seaska kanta”. Por la traducción al español que acompaña la letra original en euskera me entero de que se trata de la estampa de un día cualquiera en Lisboa. Me llama la atención la primera estrofa que habla de fados y de un padre en apuros. Indago más en la literatura que acompaña el disco y veo que la canción es un texto del libro Etiopía de Atxaga, poemario publicado en vasco en 1978. Me rio por un segundo de estas loquísimas coordenadas. Un poema sobre Lisboa que integra el libro Etiopía, escrito por un vasco que escribe en un idioma que los lingüistas no saben a ciencia cierta de dónde viene y un dominicano que lee medio borracho la traducción al español de ese poema y vive para contarlo. Justin me anuncia que nos vamos a cenar a un restaurante buenísimo que él conoce y cuya especialidad es la “nueva cocina vasca”. “¿Cómo se llama el negocio?”, pregunto por decir algo: “El Morgan”, me aclara. Termino la noche enguyendo un suculento “magret de pichón”, eso que en mi pueblo llamamos “gallinita”. NR


foto: K





2 comentarios:

  1. Para que veas, en el País Vasco te llevaron al Morgan a comer, en tu país te llevan al Morgan de emergencia y es casi firmando una sentencia de muerte, jajaja. cuanto me he reído con el dominicano medio borracho leyendo la traducción de un poema en euskera, jejeje

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  2. Anónimo1:34 p. m.

    pero que tres pimpollitos...

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