sábado, septiembre 02, 2006

Empresas y tribulaciones del discurso intelectual dominicano

Desde el ámbito del discurso intelectual, esa totalidad irrefutable que es la identidad cultural dominicana de acuerdo a la historia oficial de la nación de cuño trujillista ha tenido una suerte variable en el Santo Domingo de la transición. Aunque atenuados por efecto de la crítica a la que han sido sometidos en las últimas tres décadas, los mitos y la imaginería asociados a una dominicanidad unificadora de signo europeo persisten hoy día con sorprendente vigor.

Como es sabido, el impulso modernizador que heredó Trujillo de la primera invasión estadounidense trajo aparejada la reformulación e institucionalización de un discurso de la identidad que venía erigiéndose en narrativa dominante desde finales del siglo XIX. Contrario a lo esperable en una circunstancia histórica de transición hacia la democracia, el fin de la dictadura formal no parece haber propiciado desde el ámbito intelectual un cambio drástico en la manera de explicar la cultura dominicana. Aunque hay que reconocer que el nuevo orden de cosas dio paso a un afán revisionista, no es menos cierto que los eruditos de avanzada que heredaron el espacio de la universidad trujillista han continuado teorizando lo dominicano desde una perspectiva asaz monolítica, esto es, al obviar el discurso de lo diverso en el debate sobre la identidad cultural dominicana, los intelectuales de la transición han incurrido en una mala lectura de la misma, una lectura que ha llevado incluso a los pensadores “progresistas” a discutir la dominicanidad desde la óptica del saber monológico de la ciudad letrada de impronta trujillista. En efecto, aún cuando el propósito de la intelectualidad del postrujillismo ha sido el de problematizar esa discursividad unificadora que les precede, persiste en darle vigencia a través de su propia labor, prolongando así su perniciosa ética institucional.
Vale la pena ilustrar la manera en que la pedagogía trujillista sobre lo dominicano se ha visto paradójicamente reforzada en sus aspectos fundamentales por sus propios críticos. Un ejemplo de esta situación contradictoria en que el intelectual revisionista cae víctima de su misma retórica se halla en la obra del reconocido historiador Frank Moya Pons. En una conferencia pronunciada en 1980 bajo el título de “Modernización y cambios en la República Dominicana”, Moya Pons ejercita un paseo diacrónico por cien años de historia dominicana. Al llegar a la época de la dictadura no tiene reparos en denunciar la manera en que la ideología del trujillismo “confundió a los dominicanos” en cuanto a su realidad racial y cultural; con todo, clausura su charla con la siguiente afirmación: “El trujillismo fue un optimismo que hizo renacer la confianza de los dominicanos en su propia capacidad de avanzar por sí mismos. El trujillismo, con su propaganda desmesurada sobre la excelencia de lo dominicano, en tanto que identificado con Trujillo y opuesto a lo haitiano, logró desatar energías dormidas en la sociedad dominicana y poner en marcha nuevos esfuerzos para la producción de la riqueza que han servido de base luego para el actual desarrollo económico dominicano”.
Esta declaración en torno a las “energías” latentes en la sociedad dominicana que son avivadas por la maquinaria ideológica trujillista hasta el presente es reveladora de las complejidades inherentes al pensamiento de la transición. He aquí a uno de los más reputados historiadores dominicanos adelantando la hipótesis de que el trujillismo fungió como agente catalítico que ayudó a despertar de su latencia el espíritu hacendoso del dominicano, sus “energías dormidas”, encaminándolo así por la senda del progreso material. La ambivalente fraseología de Moya Pons tiene el efecto de reavivar la idea del carácter providencialista de Trujillo en el entramado de la historia patria elaborado por los intelectuales orgánicos del régimen.

Un acontecimiento mucho más inmediato en la historia cultural dominicana permitirá matizar aún más las contradicciones con las que, a mi juicio, se enfrenta el discurso intelectual dominicano. Pienso en un acontecimiento que podría parecer irrelevante si no fuera por la profunda carga simbólica que acarrea. Hablo de la cacareada concesión del Premio Nacional E. León Jimenes 2002, uno de los más prestigiosos y mejor dotados del país, a la reedición del ensayo de Manuel Núñez El ocaso de la nación dominicana, obra que recupera cada uno de los axiomas del nacionalismo trujillista, especialmente ése que postula la idea de una identidad cultural inmutable, de raíz hispánica, que es necesario proteger de los elementos foráneos “desnacionalizantes” que amenazan su pureza. El hecho de que entre los responsables del veredicto que confirió el premio a Núñez hayan figurado tres de las más notorias voces críticas de la postdictadura, a saber: Andrés L. Mateo, Carlos Esteban Deive y Marcio Veloz Maggiolo, reviste este acontecimiento de un dramatismo atroz. Al premiar El ocaso de la nación dominicana estos intelectuales confieren reconocimiento a un libro que repite las mismas ideas sobre lo dominicano que su propia labor crítica se propuso desmantelar años antes. Sopésense, por ejemplo, las premisas de la obra galardonada con las que signan la producción de algunos de los integrantes del jurado. En Mito e historia en la era de Trujillo (1993) Andrés L. Mateo enumera los rasgos fundamentales del aparato ideológico trujillista e incluso afirma cómo el mismo se prolonga en la realidad histórica dominicana: “Los temas clásicos de lo que se considera la “ideología del trujillismo”, se pueden representar en las siguientes propuestas recurrentes: mesianismo, hispanismo, catolicismo, anticomunismo, antihaitianismo. Todos tienen una relación instrumental demasiado inmediata con lo político, y una simplicidad tan rotunda en su adulteración de la historia y la realidad, que los hace colindar con la propaganda, y no con la racionalización ideológica… en su referencialidad, se bautizan en el mito que acompaña como un esplendor inalterable a la ‘Era’ desplegándose en la historia”. Como puede constatar quien haya leído El ocaso de la nación dominicana en cualquiera de sus versiones, cada una de las cinco “propuestas recurrentes” que especifica Mateo como características del trujillismo ideológico están presentes en Núñez en proporciones mayúsculas.

El caso de Carlos Esteban Deive es todavía más sombrío puesto que su obra toca uno de los aspectos centrales en los que se ancla la teoría trujillista de la identidad dominicana. En Vodú y magia en Santo Domingo (1975) Deive utiliza un acercamiento etnográfico de corte estructuralista para demostrar que los ritos animistas vinculados principalmente al vudú haitiano y practicados a lo largo de la geografía dominicana no son exactamente un injerto de las costumbres del país vecino, como prescriben los proponentes de la dominicanidad trujillista, sino que forman parte de un acervo cultural que puede ser rastreado desde los tiempos coloniales en toda la isla. El enfoque en las diversas religiones populares le permite a Deive denunciar la lejanía de la realidad histórica presente en el discurso nacionalista hispanófilo: “…este país es heredero de una cultura de sello hispánico y de otra -u otras- procedente del África negra. Santo Domingo pertenece, en efecto, al conjunto de naciones afroamericanas, realidad ésta que la historiografía criolla tradicional ha escamoteado, a modo de hábil acto de prestidigitación, en aras de un hispanismo a ultranza”.

Estas inconsistencias hermenéuticas en el discurso intelectual dominicano actual ensombrecen los asedios críticos a la preceptiva sobre lo cultural enraizada en la malsana dominicanidad trujillista. NR

6 comentarios:

  1. M.E. Martinez Montalvo3:17 p. m.

    “La dominicanidad unificadora de signo europeo y cuño trujillista” de que habla Néstor Rodríguez es una interpretación exagerada del impacto de tres décadas en un pedazo de isla con una historia multicentenaria.

    Las características nacionales del pueblo que formó la República Dominicana ya estaban establecidas a finales del siglo XVIII. Basta con leer el discurso de Nuñez de Cáceres en 1822 ante Boyer y la declaración de separación de la parte española de la isla en 1844 para constatarlo.

    El instinto nacional dominicano, seguro como estaba que no era igual al haitiano, vino a cuajar cuando los azules toman el poder en la década de 1870. Hostos, con todo y su anticlericalismo, no fue precisamente un hispanófobo y antihaitiano, y bueno es recordar que Hostos formó la generación que precedió a Trujillo.

    Lo que dice Moya Pons es verdad y no tiene nada que ver con lo que dicen Mateo, Deive y Maggiolo. Como producto de una época particular en la historia, Trujillo despertó energías dormidas en su pueblo, como las despertaron Hitler y Mussolini en Alemania e Italia, respectivamente.

    Mateo se enreda en las patas del caballo porque Trujillo no fue mesiánico, ni hispanista, ni católico, ni anticomunista, ni antihaitiano, ni tampoco lo contrario a todo eso. Trujillo fue un oportunista, haciendo en cada momento lo que le convenía para ejercer total control personal de la República Dominicana.

    Lo que dice Deive acerca de los ritos animistas es cierto. Como es cierto en Cuba. Como es cierto en Puerto Rico.

    ¡Qué maquinaria ideológica trujillista ni que ocho cuartos! La contradicción del discurso intelectual dominicano radica en el hecho de que el Estado dominicano fue fundado por un grupo nacional minúsculo en un territorio escasamente habitado. Ese grupo fundador hace tiempo que fue arrollado por el crecimiento de la población de origen haitiano.

    La nación y el Estado dominicanos hoy se ven y no se conocen. Ahí está el problema.

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  2. Bueeeno, si Trujillo despertó energías dormidas en el pueblo dominicano, espero que no vuelvan jamás a despertarse esas energías.

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  3. Anónimo12:25 p. m.

    Un rápido análisis histórico demuestra que Trujillo despertó las energías dormidas del pueblo dominicano y fue un excelente administrador del Estado.

    Antes que nada, es bueno recordar que cuando Trujillo tomó el poder en 1930, las aduanas estaban intervenidas por los norteamericanos y el dólar era la moneda de circulación en todo el territorio de la República. También recordemos que su ascenso al poder coincide con el inicio de la Depresión y con el ciclón de San Zenón. Con el Estado quebrado, Trujillo declara, mediante la Ley de Emergencia de 1931, una moratoria en el pago de la deuda pública.

    En marzo de 1936 Trujillo firmó el Tratado Fronterizo con Haití quedando los límites con el vecino país definitivamente establecidos. En 1940 Trujillo logró un acuerdo, ejecutado el siguiente año, para abolir la intervención norteamericana de las aduanas dominicanas, seguido por la fundación del Banco Central de la República Dominicana y el establecimiento del peso dominicano a la par con el dólar.

    Ningún otro gobernante dominicano ha logrado tanto, tan rápido, partiendo de tan poco. Eso, en mi opinión, es un despertar de energías.

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  4. Anónimo12:26 p. m.

    Un rápido análisis histórico demuestra que Trujillo despertó las energías dormidas del pueblo dominicano y fue un excelente administrador del Estado.

    Antes que nada, es bueno recordar que cuando Trujillo tomó el poder en 1930, las aduanas estaban intervenidas por los norteamericanos y el dólar era la moneda de circulación en todo el territorio de la República. También recordemos que su ascenso al poder coincide con el inicio de la Depresión y con el ciclón de San Zenón. Con el Estado quebrado, Trujillo declara, mediante la Ley de Emergencia de 1931, una moratoria en el pago de la deuda pública.

    En marzo de 1936 Trujillo firmó el Tratado Fronterizo con Haití quedando los límites con el vecino país definitivamente establecidos. En 1940 Trujillo logró un acuerdo, ejecutado el siguiente año, para abolir la intervención norteamericana de las aduanas dominicanas, seguido por la fundación del Banco Central de la República Dominicana y el establecimiento del peso dominicano a la par con el dólar.

    Ningún otro gobernante dominicano ha logrado tanto, tan rápido, partiendo de tan poco. Eso, en mi opinión, es un despertar de energías.

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  5. Anónimo4:17 p. m.

    asi es, celebremos el avance que trajo Trujillo a RD. Eso es lo que necesitamos ahora mismo, que venga otro macho completo a despertar las energias dormidas del pueblo. Por eso es que yo voy a votar por Candelier en las proximas elecciones, un macho de verdad, de siete pares de cojones...

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  6. 28.16 millones la cantidad mas resaltada de humanos infectados por el virus del sida (Africa) la poblacion mas pobre se encuentra en el continente africano seguido de los demas paises poblados por no-caucasos. El concepto universal de la bellesa esta lejos de la negritud. Dime tu, que mulato quiere ser asociado con lo negro? La identidad Dominicana es simplemente negrofobia; uno de los sintomas mas pronunciados en el syndrome de mulato post-colonial. El trujillismo e idealismo postrujillista no es nada mas que la persistencia de la precencia caucasa en la isla y consigo los colados de los mulatos. Sin hipocrecia Hermanos. Suerte con la camapana de Candelier y te deseo una sociedad llena de machos en este mundo que vivimos hoy. A ver si sobrevive el pueblo.

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