lunes, octubre 30, 2006

El turismo: una nueva colonización

El New York Times del 28 de octubre de 2006 incluye un extenso artículo sobre el turismo en el país: “The Dominican Republic Offers a New Place in the Sun”. El artículo es una relación de la pujante industria turística dominicana que en 2004 desplazó a Puerto Rico como destino predilecto del visitante norteamericano en el Caribe. El turismo dominicano empezó a despuntar en los primeros años de la década del 80 gracias a los incentivos contributivos que el gobierno optó por ofrecer a los inversionistas. De Playa Dorada, el primer complejo hotelero construido bajo estas nuevas directrices fiscales, hasta Cap Cana es mucho lo que se ha transformado República Dominicana. Para el tecnócrata y el inversionista nacional que disfruta de grandes beneficios económicos de la mano del turismo, el desarrollo de esta industria ha sido la mejor apuesta para el país. Para la gran mayoría de los dominicanos, sin embargo, el turismo ha sido todo menos una panacea. Pocos son los balnearios de arena limpia que el dominicano común puede disfrutar sin ser humillado por los empleados de las grandes cadenas hoteleras multinacionales. Los mejores tramos de playa de este país son hoy “propiedad privada” y la legalidad de esta situación apenas se cuestiona.

En marzo de 2005 asistí como ponente a un congreso académico celebrado en uno de los muchos hoteles “all-inclusive” que pueblan Bayahibe. Al igual que mis colegas de diferentes universidades norteamericanas, recibí una pulsera de plástico, suerte de pasaporte para fatigar la república hotelera en la que me encontraba. Después de una larga jornada de ponencias y asambleas plenarias decidí, como no, olvidarme del trabajo para disfrutar de la playa en la que tantas veces había jugado en mis años infantiles. Invité a varios colegas a acompañarme. Pocos minutos después vi apostarse muy cerca de donde me encontraba primero uno y luego tres guachimanes (“Seguridad”, como luego me corrigieron). Me hicieron señas para que saliera del agua y me acercara. Pensé que había alguna emergencia; grande fue mi sorpresa cuando me exigieron mostrar la pulsera que me acreditaba como huésped del hotel. Mis colegas, todos gringos blancos, miraban la escena boquiabiertos. Días después, cuando ya casi había olvidado el desasosiego de aquel momento, me encontraba en el aeropuerto entregando mi pasaporte dominicano al oficial de turno. Con gran parsimonia, miró mi pasaporte página por página, palpó el relieve de la foto, la calidad de la libreta; confrontó por varios minutos mi cara de incomodidad con la risueña de la fotografía. Cuando ya todo parecía indicar que la cosa iba para largo, se me ocurrió mostrar mi otro pasaporte, ése que me describe como ciudadano "naturalizado" de Estados Unidos, para que aquel desconfiado oficial pudiera corroborar la legalidad de mis documentos. Me dejó pasmado con una sola frase: -“Ahora estamos hablando, amiguito”.

Las dos anécdotas se relacionan estrechamente y tienen como denominador común los efectos del turismo en el imaginario cultural dominicano. Ignoro si el turismo ha sido examinado en República Dominicana más allá de lo económico, si las transformaciones sociales que ha provocado su desarrollo en el país han sido analizadas críticamente por estudiosos de la cultura como lo que a todas luces es una nueva colonización. NR

foto: K

4 comentarios:

  1. Anónimo4:17 p. m.

    NESTOR RODRIGUEZ Q NO VENGA POR AQUI QUE LO VAMO A MATAR......

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  2. Anónimo, ¿tú eres apellido Marte, por casualidad?

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  3. Anónimo10:38 a. m.

    dios mio pero cuanta mierda se habla en este blog

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  4. Anónimo7:21 p. m.

    Muy interesante su artículo sobre el Turismo en Sto. Dgo.

    Le recomiendo visitar el siguiente enlace relacionado con éste tema:

    http://vetasdigital.blogspot.com/2007/01/turismo-y-desarrollo-una-relacion.html

    Saludos,

    Rocío Rodríguez
    VETAS - Madrid

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