sábado, enero 27, 2007

Andreu Iglesias, cronista del Puerto Rico moderno

Con la publicación de César Andreu Iglesias: periodismo vital (2005), la Asociación de Periodistas de Puerto Rico ha desempolvado un archivo invaluable para quienes aspiran a comprender mejor la historia social del Puerto Rico moderno. Se trata de la recopilación de más de un centenar de artículos publicados por César Andreu Iglesias en sus columnas del diario El Imparcial y la revista Avance a lo largo de los años sesenta y setenta. La selección de escritos aparecidos en El Imparcial constituyen el grueso del volumen y comprenden el período de 1965-1966; por su parte, los publicados en Avance cubren los años de 1973 a 1975.

Los artículos de Andreu Iglesias no sólo sientan cátedra de lo que debe ser un periodismo de opinión escrito con garra y contundencia, sino que aleccionan en el arte del comentario incisivo a través de un lenguaje llano y sugerente. Como el cronista que fue, Andreu Iglesias le toma el pulso al Puerto Rico de mediados de siglo XX. La gama de temas abordados en sus columnas es tan amplia que da la impresión que nada escapaba a su mirada crítica. El autor de Los derrotados se movía a sus anchas en el terreno de la historia, la economía, la ciencia, el deporte, la literatura y, sobre todo, la política. Sus artículos no sólo separaban el grano de la paja en cuanto a los problemas nacionales del momento, sino que incluso fue capaz de vaticinar otros que arroparían al Puerto Rico del tercer milenio, como es el caso del crecimiento urbano desmesurado, el automóvil como extensión del cuerpo y la cultura del crédito.

Este “gran polemista”, para recurrir a las palabras de Georg Fromm en el prólogo del volumen, sabía poner el dedo en la llaga en lo tocante al acontecer político de su momento. Desde su tribuna periodística, Andreu Iglesias criticó sin miramientos las inconsistencias ideológicas de los principales políticos de turno, muchos de los cuales todavía cacarean en el ámbito insular; retrató el circo de la legislatura de entonces con una claridad que aterra al confrontársele con ese mismo circo en el Puerto Rico de hoy. Denunció hasta el delirio la perversidad de la metrópoli al perpetuar la colonia a través de la apropiación de sus recursos naturales, el aniquilamiento de su economía, la ruina de la industria agrícola y el secuestro de ideales.

Arremetió por igual contra los portavoces de las principales ideologías políticas en la isla: a los populares los tildó de camaleónicos, llegando incluso a sugerir que su paso del ideal independentista a la unión permanente auguraba un futuro apoyo a la estadidad; a los independentistas les reprochó el “bonapartismo” o fe ciega en el “líder mesiánico”, y los anexionistas no le merecían más respeto que el formar parte de un conglomerado social necesariamente diverso en opiniones. Andreu Iglesias, independentista y socialista confeso, entendió perfectamente que para adelantar en algo el debate sobre la condición colonial de Puerto Rico se hacía necesario el bajar las banderas del sectarismo de parroquia y empezar por entender la diversidad de puntos de vista; es así como dice en “La hora undécima”, publicado pocos días después de la muerte de Pedro Albizu Campos en 1965: “La nación es una comunidad de individuos creados de una cierta manera, unidos por una experiencia común que se traduce en actitudes y sentimientos propios. Pero eso no quiere decir que la nación sea un todo homogéneo, sin conflictos internos. Los hay, y quienes deben ser los primeros en tomarlos en cuenta son los que con mayor ardor inspiran a que se reconozca a la nación la plenitud de su soberanía”.

En su análisis preciso de la sociedad puertorriqueña, Andreu Iglesias recurre frecuentemente al carácter lúdico de la mejor literatura. En el “Nene’s Bar” hace discutir sobre temas de actualidad a los más variopintos personajes, entre ellos: don Pompilio, maestro del cinismo; Tito Clavija, impulsivo y siempre puntual, y Salustiano Woodrow Ríos (Mr. Rivers), pintoresca figura con los pies en la isla y la cabeza en Washington. Entre ellos la persona autorial interviene casi siempre como mediador, aunque muchas veces también instiga al debate.

Sin lugar a dudas, César Andreu Iglesias: periodismo vital es uno de los mayores aportes a la bibliografía nacional puertorriqueña de los últimos años. NR

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