miércoles, julio 04, 2007

Charamicos de Ángela Hernández

El discurso intelectual postrujillista ha fracasado olímpicamente en su intento de engendrar una crítica efectiva de los modos tradicionales de pensar la cultura en República Dominicana. Esta incómoda limitación epistemológica ha sido superada con creces desde el ámbito de lo literario, sobre todo a través del reiterado cuestionamiento de la mitología y los usos del poder que han contribuido a afincar una visión anquilosada de lo dominicano. Ciertamente, en un país en donde grandes segmentos de la población no logra reconciliarse con un pasado de dictadura, democracia, guerra civil, invasión y retorno del totalitarismo, la literatura se ha convertido en el espacio en que se complican positivamente estos procesos históricos.

Charamicos de Ángela Hernández, novela ambientada en los terriblemente represivos Doce Años de Joaquín Balaguer, es uno de esos textos que sacude los cimientos de la “historia oficial” dominicana al proponer una osada visión del Santo Domingo de los años setenta. En efecto, entiendo que Charamicos acaba con el mito de la modernidad democrática en República Dominicana al retratar con lujo de detalles el sempiterno legado de autoritarismo en el país.

En Charamicos, su segunda novela, Hernández no vacila en presentar a Balaguer como heredero de la tecnología política del trujillismo, tal y como antes lo hicieran Manuel Rueda en Las metamorfosis de Makandal, Viriato Sención en Los que falsificaron la firma de Dios y el vilipendiado Mario Vargas Llosa en La Fiesta del Chivo, a quien la crítica tradicional dominicana no ha sabido o no ha “querido” leer, preocupada, como siempre, por los rigores filológicos y la tantálica fijeza del dato.

Publicada en 2003, Charamicos describe con crudeza la represión de los Doce Años, en particular el asesinato de estudiantes, periodistas y todo aquel que ventilara alguna crítica contra el gobierno. Sin duda, el caso de represión política más sonado de entonces, cuyos ecos se extienden hasta el presente, fue el asesinato de Orlando Martínez en 1976. Martínez criticó duramente a Balaguer en sus artículos de la revista Ahora, al punto de pedirle que abandonara la presidencia y el país. Dos semanas después, el periodista era hallado asesinado.

Charamicos narra la historia de Trinidad, joven campesina del Sur del país que llega a la capital para estudiar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, emblema de la izquierda dominicana de entonces. Trinidad se vincula inmediatamente al grupo Estrella Roja y tiene como mentores a varios “cuadros” revolucionarios, entre ellos, Ercira, quien le servirá de modelo en su aprendizaje político. La historia de Trinidad, Ercira y los demás estudiantes comprometidos con la caída de Balaguer y el establecimiento del socialismo en República Dominicana se presenta a retazos a través de la mirada de Trinidad, quien pasa de ser una joven inocente y fácilmente manipulable hasta renegar de las consignas en busca de su propia voz al final de la novela.

En la narración se incorporan varios momentos de luchas revolucionarias en la historia dominicana, como es el caso de la Revolución de Abril de 1965 y la historia de Olivorio Mateo, quien lideró un contingente de campesinos que se enfrentó a los marines en la primera invasión estadounidense a la República Dominicana en 1916. Estos ejemplos de revoluciones dominicanas son el trasunto histórico de la lucha clandestina que los jóvenes universitarios emprenden contra Balaguer en la novela. Las palabras de Ercira dan la medida del compromiso de la juventud universitaria con un cambio en el orden de cosas: "Lo que vibra allí es un ancestral hambre de libertad, lo que impele y desata la rabia es la imagen sarcástica de un hombrecillo solemne que todos los días se lava las manos, convencido de que es necesario arrojar algunos ciudadanos a los tiburones para mantener el orden civilizatorio de un pueblo que sólo responde mediante el miedo a la paliza o al encono del padre".

La represión a la que alude Ercira describe un “estado de excepción” en el sentido que le da Giorgio Agamben, una situación en la cual el sujeto ha perdido su capacidad de injerencia como actor social y vaga convertido en pura existencia biológica ante los ojos de la “autoridad estatal”: “El estado de excepción es un espacio anómico en el que se pone en juego una fuerza-de-ley sin ley”. Lo que la lectura de Charamicos parece proponer, sin embargo, es más bien la inminencia de lo que Enrique Dussel ha denominado “estado de rebelión”, esto es, la potencialidad de un cambio radical en el seno de la sociedad cuando el gobernante olvida su condición de delegado, de sujeto subordinado a la voluntad popular, que es al fin y al cabo donde radica el poder político de acuerdo con Dussel. En una de las veinte tesis que conforman su último libro, el filósofo argentino explica el significado de “acción política” o “praxis” como la capacidad que tiene el “pueblo” de recuperar el poder político que le pertenece de modo inherente. En palabras de Dussel: "La acción política interviene en el campo político modificando, siempre de alguna manera, su estructura dada. Todo sujeto al transformarse en actor, más cuando es un movimiento o pueblo en acción, es el motor, la fuerza, el poder que hace historia."

Las visiones de Dussel resultan más que atractivas al contraponerlas al argumento de Charamicos; con todo, es preciso señalar que a pesar del tratamiento crítico que se le da a la figura de Balaguer a lo largo de las 300 páginas de la novela, el final da un giro inesperado que apunta a la imposibilidad de escapatoria al sistema político imperante. Por ejemplo, Ercira, después de haber sido apresada y torturada por meses, es dejada en libertad, e incluso el propio Balaguer le permite expresar públicamente su inconformidad con el gobierno. En el siguiente fragmento, Trinidad reproduce las palabras de Balaguer durante un discurso en el cual elogia a Ercira: “...Esa Filomela nativa, teñida con el sublime mar Caribe, acuna el lánguido temblor de la inmortalidad en sus pupilas juveniles... Ercira Sánchez no debe ser tocada ni con el pétalo de una rosa por ningún incontrolable de la derecha ni tampoco de la izquierda”.

Las palabras de Balaguer en boca de Trinidad parecen indicar que no hay escapatoria a la tecnología de un poder totalitario que incorpora el discurso de la disidencia al espacio de su control. La posibilidad de un cambio político y social en semejante estado de cosas queda por tanto anulada. NR

Crítica para tiempos de poco fervor (2009)

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