martes, abril 27, 2010

J. P. Emmanuel

*El fundador*


Los creyentes creen en un fundador
que ya no cree en lo que ayer fundó.
El fundador tiene alma de ameba
y temprano en su vida roba
el cuchillo para cortarse los párpados.
He ahí un signo profético.
Entrando a la edad adulta
disloca su hombro izquierdo
para no sufrir cuando su diestra
cercena su siniestra.
Amputa una de sus manos
porque con la otra es suficiente.
Cada vez se refina más
y reduce su anatomía
porque considera error
que la naturaleza siga siendo
para todos excesivamente pródiga.
Nunca mutila alguna de sus partes,
más bien las erradica.
Los creyentes creen imitar al creer
al fundador que precisamente funda
porque no cree. Es una paradoja
que el fundador, para seguir siéndolo,
traicione a sus seguidores de Creta
desplazándose más al oriente
para ir a fundar, y más al sur
hasta alcanzar el cinturón del Trópico.
Un listado de las mutilaciones
nos permite atisbar su perfil.
La trayectoria de un fundador
alcanza lo heroico cuando ya ha sido
amputada la exacta mitad de su cuerpo.
El fundador abandona entonces
la vocación y, antes de morir,
deambula el cuerpo por todas partes,
caga en medio de las plazas,
ofende a Alejandro y encubierto
por otro nombre, a los treinta y tres años,
devora la muerte y conquista
una célebre inmortalidad
que todavía mis padres celebran.
Y ninguna autoridad puede asegurar que,
a pesar de su ritual y periódico renacimiento,
él siga siendo el mismo.

de Exodus


J. P. Emmanuel nació en San Juan de Puerto Rico en 1971. Lo único que ha dado a la imprenta son dos textos para la Antología de la poesía latinoamericana del siglo XXI (México, 1997) y uno para la desaparecida revista electrónica El fémur de tu padre.

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