lunes, octubre 11, 2010

La piel de un país

¿Cuánto vale la piel de un país, el cuerpo de sus sujetos? Este video de Antena 3 me revuelve el estómago. El turismo, la nueva cara del coloniaje en República Dominicana, exhibe aquí sus más ruines matices. Una vacacionista blanca se pasea por la playa en bikini de la mano de un dominicano negro, ese sanky “fecundo en ardides” que busca diligenciar su odisea. Jóvenes españoles bailan y gritan extasiados; de vez en cuando miran a la cámara y externan su parecer sobre el paraíso que han hallado. Hay quien dio con su “negraco de la hostia” y pregunta, orondo, a su compañera de juerga: “¿tú también has probao negritos?”. En realidad, buscan “todo lo que se mueva, los negritos, las negritas”. Otro mozalbete intoxicado interviene para decir que “nosotros venimos por las negritas. Son muy cariñosas; pasa que son muy caras”. No cabe duda que a pesar de las palmeras y las playas de arena blanquísima, en el fondo República Dominicana sigue siendo un país, como decía Pedro Mir con la clarividencia de un mago, “sencillamente tórrido y pateado como una adolescente en las caderas”.  

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