jueves, noviembre 18, 2010

Creyente (canto V)

Este poema revela cielos
masculinos y femeninos que oscilan.
Imagina ser andrógino
para que mientras leas entiendas.
Entra sin imaginar a un universo
imaginario como éste y comprenderás
lo que en la imaginación es ser esclavo.
No comprendas lo que en la imaginación
es ser esclavo y en la vida serás esclavo,
porque creerás que lo que en la vida crees
es menos imaginario que lo que aquí,
en mi urdimbre de choza, creerías.
Todas y ninguna cosa es aquí la verdad.
Todas y ninguna cosa es, en ninguna parte
específica o real, la verdad.
No preguntes qué certeza me verifica,
que menos cultivado soy en misterio
que otros que se han perdido
en regiones menos imaginarias
que la región de este poema.
Yo soy ahora de palabras
y tú lees hileras de letras sobre una hoja.
Pero, ¿y si imaginaras leer el fondo blanco
de la página, los espacios vacíos de tinta?
¿Y si soy yo quien te escudriña los gestos
desde el fondo del papel? ¿Y si las palabras
son la seducción que te veda el fondo?
Fui de materia alguna vez y mírame ahora
ser de hoja limpia y de texto que no parece
hijo de ningún jardín de neuronas.
Este poema pudo asumir mi existencia
irremediablemente mortal. Pero la tuya lo es,
tus ojos lo son. Y ¿qué te asumirá?
En el espejo pregúntate por lo real, por lo efímero.
Encuéntrame en los ojos que en el espejo te indagan.
Podrías no creer que una piedra
es una forma de imaginación, pero es así.
Qué no será entonces tu vida,
irremediablemente más variable y frágil.
La imaginación es una red más invisible
que rápida la vista. Estudia con cuidado
sus trampas, aprende a ser el dueño de tu viaje.
Menos de esto no quiere el dios del lugar.
Por eso mi poema es una mentira
que salva una verdad.
Imagina ser andrógino para que mientras leas
entiendas que has sido avisado.

J. P. Emmanuel

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