martes, octubre 04, 2011

El cantor del Puerto Rico del futuro

Pocos refutarán la opinión de que Puerto Rico es ante todo tierra de poetas. La isla hermana cuenta con un considerable parnaso que incluye nombres insoslayables como el de Lola Rodríguez de Tió (1843-1924) -la Salomé Ureña de Borinquen-, Luis Palés Matos (1898-1959), Francisco Matos Paoli (1915-2000), José María Lima (1934-2009), Anjelamaría Dávila (1944-2003) y Joserramón (Che) Melendes (1952), entre muchos otros excelentes creadores contemporáneos. En mayor o menor medida, a todos les ha tocado cantar al desasosiego de habitar un país colonizado “hasta el meollo”, para recurrir a una frase del inmenso Luis Rafael Sánchez.

Entre las voces más consistentes en lo tocante a señalar desde la poesía las terribles contradicciones de una sociedad políticamente invadida, figura con preeminencia Juan Antonio Corretjer (1908-1985). Nacido en Ciales, pueblo conocido por la resistencia de sus habitantes a la invasión estadounidense en 1898, Corretjer se afilió desde la adolescencia a la Juventud Nacionalista, órgano del Partido Nacionalista Puertorriqueño. A los dieciocho años ya publicaba poemas en diarios de la isla al tiempo que estudiaba periodismo. José Luis González entiende la “Canción multitudinaria”, uno de los poemas de Corretjer más conocidos de ese período, como la prueba de la existencia de un nacionalismo socialista en Puerto Rico tan temprano como 1928. El señalamiento de González es significativo no sólo porque apunta a la ideología política marxista de Corretjer, algo que el poeta defendió toda su vida, sino porque echa por el suelo la opinión generalizada de que Corretjer se convirtió al marxismo durante su encarcelamiento en Atlanta en los años cuarenta.

Corretjer se estableció brevemente en Nueva York a finales de los años veinte. Allí colaboró con Augusto César Sandino, revolucionario nicaragüense que libró una larga lucha en su país en contra de los presidentes apoyados por el ejército de los Estados Unidos. Asimismo, Corretjer integró la Liga Antiimperialista de las Américas, organización que se oponía a injerencia de Estados Unidos en los asuntos de Latinoamérica, y que estaba liderada por el pintor mexicano Diego Rivera. La Liga Antiimperialista también contaba entre sus miembros a Sandino, al cubano Juan Antonio Mella, al venezolano Salvador de la Plaza y al salvadoreño Agustín Farabundo Martí.

Bajo la tutela de Pedro Albizu Campos, líder del Partido Nacionalista Puertorriqueño y gran amigo de Pedro Henríquez Ureña, Corretjer incrementó significativamente su activismo político en pro de la independencia de Puerto Rico. Durante la primera mitad de la década del treinta, Corretjer viajó a República Dominicana, Haití y Cuba buscando apoyo para la causa independentista. También ayudó a Albizu Campos a organizar la famosa huelga de los trabajadores del azúcar en 1934, la cual culminó con la aceptación de todas las demandas del sindicato. Este evento incrementó el poder de los nacionalistas como fuerza política, pero al mismo tiempo desató la peor ola de represión que había conocido la historia moderna de Puerto Rico. Corretjer, Albizu Campos, el también poeta Clemente Soto Vélez y otras figuras prominentes del Partido Nacionalista, fueron encarcelados en San Juan en 1936 y más tarde trasladados a Atlanta.

Tras ser liberado en 1942, Corretjer regresa a Nueva York y continúa allí con su activismo político. En este segundo período en Nueva York surgirán sus marcadas diferencias ideológicas con el Partido Nacionalista, en particular en cuanto a la estrategia para alcanzar la independencia de Puerto Rico y el plan a seguir una vez se alcanzase dicho objetivo. Y es que, por encima de todo, Corretjer era un socialista; sus ideas en torno a la independencia de la isla estaban cimentadas en la convicción de que en un Puerto Rico soberano lo primordial era desarrollar un estado socialmente igualitario. Con este ideal en mente, Corretjer regresó a la isla en 1946 para continuar con su cruzada anticolonial.

La afanosa actividad política de Corretjer se repitió por igual en su producción literaria. Agüeybaná, su primer poemario, incluye lo que se convertirá en uno de los motivos principales de su poesía: la exaltación de los mitos y tradiciones de la cultura taína. En Juan Antonio Corretjer o la poesía inevitable, Joserramón Melendes sostiene que la publicación de Agüeybaná en 1932 generó un interés sin precedentes en la herencia taína. Según Che Melendes, la población indígena funciona como paradigma histórico para los puertorriqueños, en el sentido de que, como se destaca en la poesía de Corretjer, los habitantes precolombinos de la isla eran sujetos políticos plenamemente libres.

Ciertamente, la producción poética de Corretjer está profundamente marcada por sus convicciones políticas. En Yerba bruja (1957), su más celebrado poemario, se hacen más explícitas las alusiones a la naturaleza independiente de los indígenas en tanto personas no sujetas al dominio cultural europeo. Tanto es así que desde el prólogo mismo el autor hace claro su empeño en rescatar el legado indígena como paradigma: No he pretendido desenterrar una momia. He deseado hacer visible el resplandor de la imaginación india presente en la nuestra.
 
Otros conocidos poemarios de Corretjer son: El Leñero: poema de la Revolución de Lares (1944) y Distancias (1957). El primero es un canto épico sobre Manuel Rosado, líder de la insurrección de Lares en 1868 en contra del dominio español. El poema fue compuesto en su totalidad en décimas mientras Corretjer se encontraba preso en Atlanta. Distancias fue el producto de otro período de reclusión; esta vez en la cárcel de La Princesa, en San Juan, tras el levantamiento independentista de Jayuya en 1950. 

En vida Corretjer pudo disfrutar de escuchar su poesía musicalizada por artistas de la talla de Roy Brown, Andrés Jiménez (El Jíbaro) y Joan Manuel Serrat. Siguió publicando hasta su muerte en 1985, fiel a la certidumbre de que “en la vida todo es ir/ a lo que el tiempo deshace,/ sabe el hombre donde nace/ y no donde va a morir. NR


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