martes, marzo 15, 2016

La queja de los purpurados

La inmensa mayoría de las democracias occidentales, incluida la sacrosanta España tan cara a la cultura dominicana, ampara el matrimonio entre personas del mismo sexo a nivel constitucional. Las leyes de República Dominicana no lo contemplan. En base a esto fundamentalistas religiosos como la Conferencia del Episcopado Dominicano, capitaneada por la figura siniestra del cardenal López Rodríguez, se imaginan paladines de una gesta patriótica al pedir la cabeza del embajador estadounidense.
¿El "delito" del diplomático? Asistir a una actividad escolar acompañado de su legítimo esposo. En un país líder en la región en feminicidios, en donde los hombres no son "hombres hombres" si no tienen al menos una querida y donde el turismo sexual de todos los calibres mueve una economía multimillonaria, resulta poco menos que ridícula la queja de los purpurados.

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