domingo, junio 24, 2018



RUINAS DE SAN FRANCISCO

Allá donde el techo regio
complicaba las cornisas
un ocaso de palomas
encandila la tarde.
Volutas, frisos, balaustradas,
todo va cediendo -no sin lucha-
ante el embate yodado del mar.
El salitre lava la piedra con eficacia,
como queriendo devolver a la tierra
su chatura primigenia.
Solo estas aves
conservan impasibles
su porte señorial
y cimentan con el fracaso
de su aleteo lo que alguna vez
fue arco, entablamento, 
bóveda, arquitrabe.



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