jueves, mayo 19, 2022


Quién hace tanta bulla

A cien años de su publicación en Lima, Trilce sigue atizando la imaginación lectora como hito ineludible en la historia de la poesía. César Vallejo lo escribió estando preso en la ciudad de Trujillo, y esa condición está en la médula de setenta y siete textos agónicos que parecen haber sido escritos para nuestro tiempo. Ese detalle refrenda su carácter de clásico. Los poemas de Trilce dan cuenta de un mundo en crisis. Este desequilibrio se ve figurado en los motivos de la casa en ruinas y la familia desgajada. Curiosamente, para el hablante de Trilce el hogar deshecho es una contingencia tan dolorosa como fecunda. La casa ahora vacía activa la floración de esa nomenclatura íntima propia de la voz vallejiana. Es justamente en el llamado que nadie escucha donde esa voz cifra las agrimensuras del afecto, esto es, la nostalgia por un tiempo en el que todo estaba en su sitio. Para la María Zambrano de Persona y democracia, solo en momentos de crisis puede definirse un horizonte que pueda materializar la esperanza. La crisis del sujeto en Trilce no parece llamar a expectativas, mas su empeño asegura la indispensable redención por la palabra. NR
 

I

Quién hace tanta bulla y ni deja
testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración
en cuanto será tarde, temprano,
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea
que brinda sin querer,
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea grupada.

Un poco más de consideración,
y el mantillo líquido, seis de la tarde
DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES.

Y la península párase
por la espalda, abozaleada, impertérrita
en la línea mortal del equilibrio.

 
LXI

Esta noche desciendo del caballo,
ante la puerta de la casa, donde
me despedí con el cantar del gallo.
Está cerrada y nadie responde.

El poyo en que mamá alumbró
al hermano mayor, para que ensille
lomos que había yo montado en pelo,
por rúas y por cercas, niño aldeano;
el poyo en que dejé que se amarille al sol
mi adolorida infancia... ¿Y este duelo
que enmarca la portada?

Dios en la paz foránea,
estornuda, cual llamando también, el bruto;
husmea, golpeando el empedrado. Luego duda,
relincha,
orejea a viva oreja.

Ha de velar papá rezando, y quizás
pensará se me hizo tarde.
Las hermanas, canturreando sus ilusiones
sencillas, bullosas,
en la labor para la fiesta que se acerca,
y ya no falta casi nada.
Espero, espero, el corazón
un huevo en su momento, que se obstruye.

Numerosa familia que dejamos
no ha mucho, hoy nadie en vela, y ni una cera
puso en el ara para que volviéramos.
Llamo de nuevo, y nada.
Callamos y nos ponemos a sollozar, y el animal
relincha, relincha más todavía.

Todos están durmiendo para siempre,
y tan de lo más bien, que por fin
mi caballo acaba fatigado por cabecear
a su vez, y entre sueños, a cada venia,
dice que está bien, que todo está muy bien.

Trilce (1922)